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OBRAS DE TEATRO CRISTIANO

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OBRAS DE TEATRO CRISTIANO

Mensaje  mimobio el Mar Nov 06, 2007 10:53 pm

Un espacio para obras cristianas de teatro. Sube tu obra.
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LOS DOS CORAZONES



Argumento: Fábula sobre el pecado. Un corazón que tiene una mancha negra le pregunta a otro corazón cómo ha conseguido limpiarse. Éste le testifica sobre la obra que Dios ha hecho en su vida.

Autora: Ruth Pérez (Huelva)

REPARTO:
BLANCO: ________________________________________
NEGRO:
______________________________________

BLANCO: ¡Eh, tú! ¿por qué no miras por donde vas? Anda con más cuidado o vas a acabar manchándome.
NEGRO: ¡Caramba! ¡Pues sí que estás tú limpio! Yo no sé que me pasa, pero estoy cada vez más sucio. Al principio sólo tenía una mancha negra en el centro, pero poco a poco se han ido colocando más y más manchas, hasta que he acabado por tener el corazón como ves.
BLANCO: Yo al principio también tenía una mancha en el centro, como todo el mundo, pero como ves ya lo he limpiado y ahora no dejo que ninguna otra mancha me pueda contaminar.
NEGRO: Bueno, ¿y se puede saber cómo lo conseguisteis? Yo ya me he intentado limpiar con lejía, con los mejores detergentes, he frotado bien con agua y jabón y hasta he intentado darle una mano de pintura, ¡pero nada! Los dos detergentes y las lejías no hacen nada y la pintura se resbala. La verdad es que no sé qué hacer y lo peor de todo esto es que esto hace sentirme mal, estoy triste, me siento vacío y sin esperanza.
BLANCO: Sólo hay una persona que te puede limpiar y solucionarte así el problema.
NEGRO: ¿Sí? Pues dime por favor su nombre, dame su teléfono o su dirección para poder localizarlo y comprobar si puedo comprar su remedio.
BLANCO: Su remedio es gratuito, el medio sencillo, su teléfono no comunica nunca y tiene línea abierta las 24 horas, su dirección es muy conocida, no tiene pérdida y su nombre es famoso.
NEGRO: Pero.... por favor, no le des más vueltas y dime de una vez quién es, si le conozco seguro que me ayudará.
BLANCO: El te quiere ayudar, de eso puedes estar seguro, eres tú en este caso quien tiene que querer.
NEGRO: Pero... ¡qué pesada eres! ¿es que no ves cómo quiero? Anda, sé buena y dime de una vez quién es.
BLANCO: El es Jesús.
NEGRO: ¡Pues vaya remedio!
BLANCO: ¿Ves? Tú continuas igual de sucio y todo porque no deseas aceptar lo que Él te da.
NEGRO: Pero... ¿qué me puede dar Él? Alguien que está ahí arriba, ¿crees que se va a ocupar de mí?
BLANCO: Sí, escucha: esa mancha que decías que tenías al principio en el centro del corazón, es el pecado original con el cual nacemos todos, luego el resto de las manchas que se fueron acoplando son pecados, manchas oscuras con las cuales ensuciamos nuestro corazón, mentiras, robos, engaños, desobediencias.... y un montón más que te podría nombras. Jesús está deseando limpiarte y ocuparse de ti, si tú le dejas.
NEGRO: ¿Sabes? Recuerdo algo de ese Jesús: sé que nació hace muchos años en un día como hoy. Me contaron que abandonó su trono en la gloria sólo para rescatar al hombre.
Eso es algo que siempre había sabido pero nunca lo había visto como alguien que puede hacer algo por mí.
BLANCO: Lo conoces pero sólo con tu cabeza y necesitas conocerlo con esto (señalando al corazón) con tu corazón.
¿Sabes? Un día yo también estaba como tú, sucio, hecho un verdadero asco y sintiéndome vacío, sin esperanza desilusionada de la vida. Pero alguien me habló de Jesús, y yo comprendí que necesitaba darle mi vida, dejar que Él morara en mí. Y así lo hice, le oré y le hablé como un hijo habla a su padre y le pedí que me perdonara por haberle dejado de lado en mi vida y le pedí que morara en ella, que la limpiara y que fuese el rey de mi corazón.
NEGRO: ¿Y qué fue lo que pasó?
BLANCO: Pues para gran sorpresa mía, así fue. Él vino y me limpió, y no sólo me dio este nuevo corazón, sino que mi vida tomó un nuevo rumbo, ahora soy feliz, todo tiene un nuevo sentido para mí y tengo una esperanza eterna. Haz tú lo mismo.
NEGRO: ¿Sabes? Yo también quiero ser como tú, sé que le necesito dime, ¿qué tengo que hacer?
BLANCO: Ora a Dios, háblale y dile simplemente lo que sientes, dile que lo necesitas y verás como todo cambia.
BLANCO: (Se pone de rodillas y se pone a orar)
¡Oh, Señor! Tú mejor que nadie me conoces, sabes cómo soy lo que realmente siento yo, me encuentro sucio, vacío y sin nada que motive mi vida. Deseo Señor que tú la gobiernes y que esas tú quién me guíe, yo sin ti no puedo.
Señor quiero y deseo que tu nacimiento no sea sólo una historia sino una realidad en mí.
¡Por favor, tómame como soy y moldéame como tú quieres que sea!
¡Gracias Señor por tu amor por mí!

El corazón se levanta y al hacerlo ya no es negro sino blanco
BLANCO: ¡Oh, mírate!
NEGRO: ¡Ya no estoy sucio! Es verdad, ¡Dios me ha limpiado!
BLANCO: Sí, pero ahora debes recordar que no tienes que dejar que esos pecados como mentir, robar y otros muchos te vuelvan a ensuciar, y cuando sea así y caigas recuerda que pidiéndole perdón de verdad a Dios, Él te volverá a limpiar.
NEGRO: Eso haré y algo más de ahora en adelante mi meta será estar siempre limpio y hablaré a todos de lo que Dios ha hecho conmigo y les enseñaré a aquellos que todavía están sucios como se pueden limpiar.
Hablaré y diré a todos de que Jesús no es un cuento, ni un día rojo en el calendario, es una verdad latente en mí.
BLANCO: Me parece ideal, anda, vamos a empezar.
NEGRO: Sí, vamos.

Ambos corazones salen del escenario cogidos de la mano y conversando.

FIN


Última edición por el Sáb Dic 01, 2007 3:11 pm, editado 2 veces
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CREO EN EL -1 PARTE

Mensaje  mimobio el Sáb Dic 01, 2007 2:48 pm



CREO EN ÉL



Argumento: Dora es una joven judía del siglo I que conoce la enseñanza de Jesucristo y se queda fascinada por su persona. Su conocimiento de las escrituras, a las que tiene acceso gracias a que su padre es rabino, le llevan a identificar a Jesús como el Mesias. Es testigo de los acontecimientos de la crucifixión y la resurrección y decide seguir al Salvador. Esto le llevará a enfrentarse con su padre,que no acepta a Jesús como el Mesías profetizado.

Autora: Ruth Pérez (Huelva)

REPARTO:
DORA: ______________________________________
MADRE: _________________________________________
PADRE: ________________________________________
SARA:
________________________________________
A veces nos resulta difícil el comprender las reacciones y los comportamientos de esas personas queridas o no tan queridas que giran a nuestro alrededor. Pensemos que si esto nos ocurre hoy día; lógicamente más nos costará comprender a las personas que vivieron en siglos anteriores al nuestro.

Intentemos durante el diálogo situarnos en una ciudad de Judea. Hagamos, pues, volar nuestra imaginación y situémonos en la época de Jesús. Vamos a ver a una familia judía, en la que por entonces la mujer dependía de su marido en todos los aspectos, él era por decirlo de alguna manera el respetaban y oían al padre como primera voz, pero dónde ante todo su creencia era lo primero y como buenos judíos eran de lo más acérrimos a ella. Lógicamente no se les pasaba por la cabeza el que Jesús fuese el tan ansiado Mesías, y lo peor que le podía ocurrir a una familia judía era el que algún de sus miembros siguiera a Jesús y se hiciera cristiano.

Después de ver todos estos hechos intentemos comprender las dos partes de esta familia.

SE VE A UNA MUJER EN EL ESCENARIO; ESTÁ EN EL INTERIOR DE UNA CASA Y ESTÁ PREPARANDO LA COMIDA. APARECE UNA CHICA: ES SU HIJA Y ENTRA CON UN CÁNTARO. ESTÁ SOFOCADA.

DORA: ¡Madre!, ¡Madre!
MADRE: Sí, hija, ¿qué es lo que pasa?
DORA: Madre, vengo de la fuente de recoger agua.
MADRE: Sí, ya, pero.... cálmate y cuéntame lo que te pasa.
DORA: Verá, yo fui a buscar agua a la fuente como usted me mandó, y al llegar allí me puse a hablar y a charlar con las demás como siempre. Bueno, pues estábamos así cuando llegó Isaí....
MADRE: ¿Isaí?
DORA: Sí, madre, el hijo de Bartolomé el herrero.
MADRE: Ah, sí, ya sé quién es.
DORA: Pues bien, cuando llegó empezó a contarnos que vio a un hombre en Galilea haciendo milagros.
MADRE: ¡Dios santo!
DORA: Sí, madre, dice que hacía curaciones. Pero lo más importante es que dice ser el Hijo de Dios.
MADRE: ¡No es posible! ¿cómo es posible que el corazón del hombre pueda blasfemar tanto?
DORA: ¿No creéis entonces que éste pueda ser el Hijo de Dios que tanto esperamos?
MADRE: ¡No digas eso hija! ¡eso es imposible! Recuerda que el Hijo de Dios ha de venir con gloria y que reinará como rey soberano. Ese hombre no puede ser otra cosa que un impostor.
Anda, dejemos de hablar de temas que corresponden a los hombres y ayúdame a terminar la comida, pues tu padre está al llegar. Dora, no comentes este tema con tu padre pues lleva unos días de muy mal humor.
DORA: No os preocupéis madre, no lo haré.
(La hija comienza a colocar la mesa, está tatareando una canción cuando llega el padre.)
PADRE: ¡Vaya, Dora. Pareces hoy muy contenta!
DORA: Hoy Dios nos ha dado un hermoso día, ¿por qué entonces nos habríamos de entristecer?
PADRE: Estoy orgulloso de ti Dora, me alegra ver que amas a Dios. Sabes que has recibido la enseñanza de Dios que no tienen las demás mujeres, y me contenta ver que la aprovechas.
(Comienzan a sentarse a la mesa, el padre la bendice).
PADRE: “Oh, Dios, gracias te damos por estos alimentos que tú nos provees para nuestro provecho y salud, seguimos pues así adorándote y esperando la venida de tu hijo con ansia, amén.”
MADRE E HIJA: Amén.
(Comienzan a comer)
PADRE: ¿Queréis oír el último rumor que anda por ahí?
DORA: Sí, padre, cuéntenos.
PADRE: Escuchad, dicen que el hijo de un carpintero dice hacerse llamar el hijo de Dios y además....
DORA: No, padre, no es un rumor, es cierto; verá, el hijo de Bartolomé.....
(El padre da un golpe en la mesa)
PADRE: ¡Dora! ¿Cómo te atreves a decir que es cierto?
DORA: Bueno padre, yo digo que es cierto ese rumor, dicen que le han visto hacer curaciones y grandes magias.
PADRE: ¡Es inaudito! ¡Qué manera de blasfemar el nombre de Dios!
DORA: Entonces padre ¿no es posible que quien hace tantas maravillas pueda ser el esperado Hijo de Dios?
PADRE: ¡Basta de tonterías, Dora! ¡Un judío no debe ni de dudarlo tan siquiera!
Te he criado como si hubieses nacido niño y por ello has recibido toda la instrucción divina que sólo reciben los hombres. Conoces todas las leyes dadas por Dios y sabes todos sus propósitos, ¿cómo entonces te atreves a pensar que ese impostor pudiera ser el Hijo de Dios? El Hijo de Dios vendrá con gran gloria, ¡no olvides eso nunca!
(El padre se levanta de la mesa y se va. La madre comienza a recoger los platos mientras comienza a hablar con la hija)
MADRE: Ya te dije que no hablases hoy de ese tema.
DORA: Lo sé, madre, pero lo empezó él.
MADRE: Tu padre te ama mucho, eres lo único que tiene, no lo contraríes.

SE APATAN LAS LUCES; AL ENCENDERSE DE NUEVO SE VE UN CAMINO; EN ÉL ESTÁ DORA; APARECE OTRA CHICA CORRIENDO.

DORA: ¡Hola, Sara! ¿vas a la fuente?
SARA: Sí, claro. Dora ¿cómo es que vas tú hoy tan temprano?
DORA: Verás Sara. Estos días que no viniste a la fuente, siguió viniendo Isaí y cada día nos cuenta las maravillas que está haciendo Jesús por toda Galilea. ¡Es fabuloso! ¿No te parece?
SARA: Dora, creo que nosotras no nos deberíamos de meter en estos temas. Yo sólo sé lo que me han enseñado los rabinos en la sinagoga, y es que el Hijo de Dios vendrá con gloria.
DORA: Sí, Sara, pero que ese Jesús hace milagros, cura a los leprosos, da vista a los ciegos.... ¡Oh, Sara, hace tantas cosas buenas! ¿Por qué no puede ser este el Hijo de Dios?
SARA: Anda, Dora, dejemos ya este tema que les corresponde a los sabios, dejemos que discutan sobre él los rabinos. Y ahora sería mejor que nos vayamos o es posible que cuando lleguemos a la fuente tengamos que esperar mucho.
DORA: ¡Venga, vámonos! ¿Has visto que hermoso día tenemos? ¿crees que será posible que podamos ir....?
(Se han ido yendo hacia la fuente mientras conversaban)
SE VE DE NUEVO EL INTERIOR DE LA CASA; DORA ESTÁ LEYENDO CUANDO ENTRA LA MADRE.
MADRE: Sí, Sara, pero que ese Jesús hace milagros, cura a los leprosos, da vista a los ciegos.... ¡Oh, Sara, hace tantas cosas buenas! ¿Por qué no puede ser este el Hijo de Dios?
SARA: Anda, Dora, dejemos ya este tema que les corresponde a los sabios, dejemos que discutan sobre él los rabinos. Y ahora será mejor que nos vayamos o es posible que cuando lleguemos a la fuente tengamos que esperar mucho.
DORA: ¡Venga, vámonos! ¿Has visto qué hermoso día tenemos? ¿crees que será posible el que podamos ir....?
(Se han ido yendo hacia la fuente mientras conversaban)

Se ve de nuevo el interior de la casa; Dora está leyendo cuando entra su madre.
MADRE: Dora, hija, ¿qué haces, lees?
DORA: Sí, madre, leo los libros de los profetas.
(la madre se ha sentado a su lado y ha comenzado a leer)
MADRE: Dora, te noto algo rara. Llevas unos días en los que estás tan pensativa.... no sé ¡y encima no paras de leer los libros!
DORA: Madre, leer los libros no es nada mal, nos hablan de Dios.
MADRE: [/b] Sí hija, pero tú los lees como si quisieras encontrar algo en su interior, como una respuesta a algo, no sé.
DORA: (suspira) Tenéis razón madre, deseo encontrar algo, no sé pero es algo para calmar este ansia.
MADRE: ¿Ansia? ¿Estás mala? Dímelo hija e iremos a ver a alguien que te pueda curar.
DORA: No, madre, no es ningún mal, es.... ¿cómo podría explicárselo? Verá, desde ese día que fui a la fuente y me hablaron de ese Jesús, tengo una necesidad de conocerle.... es como una fuerza interior que me obliga en todo momento a pensar en él. Y entonces vengo aquí a los libros e intento demostrarme que es un impostor como dice padre, pero no lo consigo, deseo encontrar aquí algo que borre de mi mente su autoridad.
MADRE: Hija, creo que lo único que tienes es curiosidad, es tanta la fama de ese hombre, que más de una vez yo misma me he visto tentada a ir a verle. Pero hija, recuerda ante todo que somos judías y que creemos en un Dios glorioso que algún día enviará a su Hijo a la tierra pero que lo hará como es digno de un rey. Debes resistir esa tentación y no te preocupes ya la olvidarás.
DORA: Eso es lo que también deseo.

Se vuelven a apagar las luces. Otra vez se ve el camino: sale Dora con un cántaro; aparece Sara.
SARA: ¡Hola Dora!
DORA: ¡Hola Sara!
SARA: ¡Eh, Dora! ¿Sabes ya lo último?
DORA: No, dime, ¿qué es?
SARA: Dicen que ese Jesús va a venir, que viene, dicen que estará aquí dentro de unos días.
DORA: ¿De verdad? Es tanta su fama que me encantaría el poder verle. Sara, ¿te vendrías conmigo?
SARA: ¡Me gustaría tanto el poder verle!, Pero, dora, creo que eso está mal. ¡Somos judías! Si nos vieran con él nos podrían confundir y creerían que también nosotros somos seguidoras suyas y si mi padre se llegara a enterar....
DORA: Estaremos lejos, sólo iremos a ver cómo es él, además eso no es nada malo.
SARA: No sé, quiero ir, pero a la misma vez tengo tanto miedo....
DORA: ¡Venga Sara, decídete! Mira incluso podemos taparnos la cara más de lo normal y así será más difícil el que nos pueda reconocer. Este será nuestro secreto y nadie lo sabrá, ¡vente!
SARA: ¡Vale, iremos!
DORA: Gracias, Sara, ahora no se lo digas a nadie, mira, saldremos temprano e iremos....
(Se han ido alejando mientras hablaban)
Se ve de nuevo el interior de la case y se ve a la madre cosiendo y al padre leyendo. Entra en la estancia Dora, un poco sofocada; el padre al verla se levanta.


Última edición por el Sáb Dic 01, 2007 3:12 pm, editado 2 veces

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CREO EN EL- 2 PARTE

Mensaje  mimobio el Sáb Dic 01, 2007 2:50 pm

PADRE: ¿Se puede saber de dónde vienes a estas horas?
DORA: Verá padre, yo...., bueno la verdad es que fui a casa de Sara a devolver unos tarros que me había prestado, no me di cuenta de la hora que era y cuando salí ya el sol se había ocultado.
PADRE: Sabes que no está bien el que una mujer ande sola a estas horas por ahí. No quiero que vuelva a suceder. Bueno, ya que estás aquí, me iré a dormir.
(Sale el padre, Dora se sienta, habiéndose quitado el manto, le da un beso a la madre; ésta sigue cosiendo).
MADRE: ¿Por qué le mentiste a tu padre?
(Dora se sorprende)
DORA: ¿Por qué dice eso madre?
MADRE: Tú no vienes de casa de Sara, ni le llevaste los tarros. Yo se los llevé a su madre esta misma tarde. (Levanta la cabeza y deja de coser). Además, Sara le dijo a su madre que venía aquí, no le dijo nada, pero estaba contigo, ¿no?
(Dora agacha la cabeza)
DORA: Sí.....
(La madre le coge las manos)
MADRE: Dora, ¿dónde estabais?
(Dora se levanta, con gesto nervioso)
DORA: Perdóneme madre, pero no se lo puedo decir.
MADRE: No lo puedes decir, ¿por eso le mentiste a tu padre?
DORA: Él no se debe enterar nunca.
MADRE: ¿Y si se lo dicen otros?
DORA: Nadie nos vio, teníamos demasiado cubiertas las caras.
MADRE: Fuisteis a ver a ese Jesús, ¿no? Dora ¿cómo hiciste eso?
(Dora se agacha al lado de la madre y le coge las manos)
DORA: No se lo diréis nunca, ¿verdad?
MADRE: Fuisteis a verle, has mentido por ir a verle, por ver a Jesús.
DORA: Decidme que no se lo diréis ¡por favor madre!
MADRE: No, no seré yo quién se lo diga, ese disgusto no se lo daré yo, pero ¿por qué fuisteis?
DORA: Fue esa intriga, pero nos cubrimos muy bien la cara y nadie nos reconoció, permanecimos alejadas de la multitud. Su rostro era sereno, tranquilo, no se alteraba por nada, de lo que decían, sino que él les hablaba con historias y ellos se callaban. Pero de pronto se le acercó un hombre, porque su hija se había muerto, pero él muy tranquilo le dijo que sólo dormía, nadie se lo creía, así que se fue con él, entró en su casa y cuando salió la niña estaba viva.
Madre, hace unos milagros ¡tan grandes! Que si es un impostor yo diría que lo hace muy bien.
Se nos pasaron las horas sólo escuchándole y cuando nos dimos cuenta ya era tarde, y aunque vinimos corriendo no conseguimos llegar antes que se ocultase el sol.
MADRE: Hoy no os ha reconocido nadie, pero si siguieseis yendo posiblemente os descubrirían. Ya le habéis visto, ya sabéis como es, así es que será mejor que volváis a ir. Y si Sara te vuelve a decir que fueses con ella, le dices que no ¡y que vaya sola si quiere!
DORA: Fui yo quien la convenció para que se viniese conmigo.
MADRE: Dora, no sigas haciendo estas locuras o te llamaré hereje.
DORA: Madre, es un hombre bueno, yo no digo que sea el Hijo de Dios, pero es tan compasivo y bondadoso con los demás....!
MADRE: Anda, olvida todas esas tonterías, y será mejor que nos vayamos ya a dormir que mañana hay que madrugar.
DORA: Sí, yo también tengo sueño.

Salen las dos de la habitación. Se apagan las luces: cuando se vuelven a encender se ve a Dora leyendo cuando llaman a la puerta.
DORA: ¡Ah, Sara, eres tú, pasa!
SARA: Hola, vamos a ver eso que tenías que enseñarme.
DORA: Sara, verás, desde que fuimos a ver a Jesús, yo he estado leyendo mucho en los libros de los profetas, donde habla acerca del Hijo de Dios y he encontrado varias cosas muy importantes que quería comentar contigo.
SARA: ¿Y tus padres?
DORA: Mi madre salió y tardará y mi padre está en la sinagoga, tiene una reunión con los demás rabinos. No te preocupes, estamos solas y podemos hablar con tranquilidad.
SARA: Si nos cogieran hablando del tema.... ¡no quiero ni pensarlo!
DORA: ¡Venga Sara! Déjate ya de preocupaciones que el tiempo pasa, ahora escucha y verás. ¡Siéntate y mira lo que encontré!
Dice aquí el profeta Zacarías: “Alégrate mucho hija de Sion, da voces de júbilo, hija de Jerusalén, he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna”.
SARA: ¿Y qué?
DORA: Cómo qué y qué, aquí se refiere a Jesús, ¿cómo le vimos nosotros? ¿Acaso fue con gloria como se espera? No, ni mucho menos, él iba sobre un pollino, humilde hasta lo máximo, ¿no te das cuenta?
SARA: No, creo que no dices más que tonterías; aunque reconozco que las dos cosas coordinan, eso no puedo negarlo pero no veo que sean lo mismo.
DORA: ¿Ah no? Aquí Zacarías habla de la venida del hijo de Dios y nos lo define con estas palabras. El otro día vimos a Jesús, no venía con un gran imperio, no, pero hablaba con amor, hacía justicia y sanaba a los enfermos, ¿no te das cuenta que son la misma persona?
(En la última frase ha entrado el padre y la ha escuchado)
PADRE: ¡Dora!
(Ninguna había notado la presencia del padre hasta ahora, ambas miran al padre)
PADRE: ¿De qué te ha servido todo lo enseñado? ¿Qué es lo que has aprendido? Por lo que veo no sabes darle la importancia necesaria a las cosas de Dios.
SARA: Verá usted, Señor Isaac, nosotras sólo estábamos comprobando lo que dicen los profetas acerca de la venida del Hijo de Dios.
PADRE: No te culpo a ti, sino a Dora, Esos libros sólo los leen los rabinos para dar la enseñanza a la congregación. ¡Pero ella no se conforma sólo con el privilegio de poder leerlos, sino que además te quiere inculcar a ti sus propias ideas, las que ha deducido ella de los libros!
DORA: Padre, solamente los comparaba con Jesús.
PADRE: ¡Sé perfectamente lo que hacías! ¡No le des el sentido que tú quieras a las escrituras! ¡Tenemos un Dios poderoso, que vendrá, sí, pero con un gran imperio, no como un pordiosero!
DORA: Las escrituras dicen que vendrá en un asno.
PADRE: ¿En un asno? ¿Dónde viene eso?
(Se acerca y lo lee)
PADRE: Posiblemente ahí se refiera a otra cosa. Mira ahora aquí y lee.
(Ha pasado algunas hojas, ella lee en voz alta)
DORA: “He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y será puesto muy en alto. Como se asombraron de ti muchos de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerraron ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado y entenderán lo que jamás habían oído.
PADRE: ¿Veis? Los reyes recurrirán a él y las naciones se asombrarán. Ese hombre, ese Jesús, no cumple ninguno de estos requisitos.
DORA: Pero padre, aún así los fariseos van a él con preguntas con soluciones drásticas, más Jesús les da respuestas con las que ellos deben de cerrar su bocas. Además, mira lo que sigue diciendo el profeta un poco más abajo:
“Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado y no lo estimamos”. Quizás esto sí se relaciones más con él.
PADRE: ¡Me estás haciendo enfurecer! ¡No seáis vosotras como esos que le siguen, esos son la deshonra para nuestro pueblo!
SARA: Señor Isaac, nosotras sólo queremos encontrar algo que nos digan los profetas para asegurar que él no es el Hijo de Dios.
PADRE: ¡Para asegurar! Todo es culpa mía por enseñarte a leer y dejarte las escrituras, Dora. ¿Aseguraros de qué? Si tenéis dudas debéis de venir a los rabinos y os las explicaremos.
DORA: Padre, yo no quisiera ser impertinente, pero.... ¿no es posible que tal vez, yo no digo que sea conscientemente, pero quizás no hayáis interpretado del todo bien las escrituras, a lo mejor, como en estos pasajes que he leído no hayáis visto la otra parte de él?
PADRE: Dora, no te voy a reñir porque veo que lo haces con tu mejor intención, pero eso no es posible. Tú lo piensas porque es ahora cuando empiezas a leer para ti las escrituras, pero nosotros los rabinos llevamos años y años esperando y anhelando la venida del Hijo de Dios; como comprenderás llevando tantos años interpretándolo es imposible el que nos podamos equivocar.
Creo que cada una de vosotras os deberíais de ir a hacer vuestras tareas y dejar estos problemas para los rabinos. Anda, no os preocupéis más por ellos, que lo que ahora no entendemos ya Dios nos dará las respuestas.
(Ha ido acompañando a las dos hacia la puerta, las despide con un gesto cariñoso, recoge los libros y se adentra en la casa)

Entran ahora en la estancia la madre y Sara. Llevan un cántaro.
MADRE: No, Sara, no sé donde está, hoy he tenido que ir yo a la fuente porque ella salió corriendo, dijo que venía enseguida, pero ya ves, aquí no hay nadie.
SARA: Sé que no está bien, pero es que ella me está enseñando a leer y hoy habíamos quedado en la fuente, al ver que no venía me extrañé y por eso vine.
MADRE: Sara, dime hija, ¿cómo te enseña a leer?
SARA: La verdad, señora Débora, usted debe de estar muy orgullosa de su hija. Ella siempre me lee pasajes de los profetas.
MADRE: Y dime Sara sobre qué pasajes habla.
SARA: Bueno, ella los copia de los libros, casi siempre son del profeta Isaías de la venida del Hijo de Dios, así que sé un poco más cada día de esa venida. ¡No sabe usted con qué rapidez estoy aprendiendo!
MADRE: Ya, ya veo. Creo que te deberías de ir, tu madre te estará esperando y no es bueno hacerla esperar.
(La acompaña hacia la puerta)
¡Gracias por ayudarme con el cántaro, se ve que voy para vieja, adiós!
(Está cansada y se sienta, llega al rato Dora sofocada)
DORA: ¡Madre, madre!
MADRE: ¿Qué pasa Dora?
DORA: Madre, ¿sabe lo que ha pasado?
MADRE: No, no lo sé.
DORA: Pues verá madre, yo estaba en el jardín cuando vino Isaí a informarme que anoche los guardas habían cogido a Jesús y que hoy lo iban a llevar ante Pilato, me preguntó que si quería ir, así que fui.
MADRE: Siéntate y cuéntame.
DORA: Salimos corriendo y cuando llegamos ya le estaban juzgando, aquello estaba lleno de gente, gente que en otro tiempo le habían seguido, pero ahora allí estaban, callados.
Pilato le hacía preguntas a Jesús, pero por las respuestas que el le dio, Pilato dijo que no le podía condenar. Entonces, como usted sabe todos los años se suelta a un preso, ¿no?
MADRE: Sí.
DORA: Pues bien, Pilato les preguntó que a quién querían que soltase, si a Barrabás, ese criminal que consiguieron coger por fin no hace mucho, o a Jesús.
La gente respondió que a Barrabás y aún dijeron más; pidieron que crucificase a Jesús, pero como Pilato no lo veía culpable, pues se lavó delante de todos las manos, diciendo que él era inocente de la muerte de ese justo.
¡Oh, madre! ¿Cómo es posible que sean tan malos? Él no le hizo daño a nadie, al contrario, todo lo que hacía eran curaciones y milagros.
Los guardas se lo llevaron, le desnudaron y le pusieron un manto de escarlata y una corona de espinas, ahora le llevan al monte Calvario, allí es donde lo van a crucificar.
MADRE: Dora, ¿por qué te afliges tanto? Ese hombre no hacía más que injuriar el nombre de Dios al decir que él era su hijo.
Dios es justo y ha hecho justicia.
DORA: No parece que Dios sea muy justo si hace eso. Hay quienes injurian de veras el nombre de Dios y no los crucifican. Pero él no morirá, ha dicho que resucitará al tercer día.
MADRE: ¿De verdad crees lo que dices? Ningún muerto ha venido de su sepultura.
DORA: Y ningún hombre ha resucitado muertos, pero él lo ha hecho. Si ha resucitado a otros, ¿por qué no va a poder resucitarse él?
(Se oyen voces)
MADRE: ¿Qué son esas voces?
(Dora se asoma)
DORA: ¡Madre, ya se lo llevan para crucificarle! ¡venga, vámonos! Se dirigen al Gólgota.
MADRE: No, hija no vayas, ¿qué dirá tu padre?
DORA: Voy a verle.
(Sale Dora y la madre se queda sola. Al rato la tierra tiembla, más tarde aparece el padre)
MADRE: Ahora que habéis venido estoy más tranquila, el día de pronto se oscureció hace un rato la casa tembló y hasta la tierra se movió bajo mis pies.
PADRE: Sí, fuera parece que se ha sentido más, es raro tan pronto y oscurecerse y luego ese temblor. En fin, fuera lo que fuera ya pasó así que tranquilizaros, ¿Y Dora?
MADRE: Salió, pero no creo que tarde ya en venir.

(Ambos se sientan, ya más tranquilos, ella sigue cosiendo y él comienza a leer, al rato aparece Dora, entra silenciosa y distraída, se sienta).
MADRE: Dora, ¿te ha pasado algo? ¡Estás pálida! Dime, ¿fue ese temblor?
DORA: No, madre, ese temblor precisamente no ha sido, fue..... Yo vi como crucificaban a Jesús.
MADRE: ¿Por eso te alteras? Pues la verdad es que ya era hora que lo hicieran.
DORA: No padre, no diga eso, él no hizo nunca daño a nadie, pero aún así le colgaron, y cuando él estaba allí colgado del madero por unos clavos que le atravesaban los pies y las manos, la gente comenzó a burlarse de oscureció, se estaba muriendo, dijo algo en voz alta y murió. En ese momento la tierra tembló y el velo del Templo se rasgó en dos.
MADRE: ¡Dios mío!
PADRE: Pero él murió, ¿ves Dora? No era más que un impostor, no se pudo salvar ni él mismo.
DORA: Lo hará, él dijo que resucitaría, que lo haría al tercer día.
PADRE: Dora, no me estarás diciendo que crees en él ¿no?

(Dora se levanta y coge los libros de los profetas)
DORA: Padre, mire lo que dice aquí, léalo usted mismo.
PADRE: Veamos, “Angustiado él y afligido no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció y no abrió su boca”. Bueno ¿y esto qué? Te repito por última vez que estás equivocada, y que esto que me enseñas no es base suficiente para creer que ese Jesús era el Mesías.
Creo que he tenido mucha paciencia contigo hasta ahora, pero ya me has hartado tanto que te voy a decir una cosa y escúchame bien, ¡si vuelves a hablar sobre estas cosas y te empeñas en renegar de todo lo que te enseñé, entonces tendrás que irte de casa!
MADRE: ¡Isaac!
DORA: No, déjelo madre, yo.... en fin, creo que ya es hora en que diga todo lo que siento.
Padre, hasta ahora, había tenido algunas dudas, pero cuando le vi morir, me di cuenta de quién era realmente, y estoy completamente segura de que era el esperado Mesías.
Yo os quiero mucho padre, y me duele tener que marcharme, pero yo no pudo seguir fingiendo.
MADRE: ¡Oh, Dios mío!
PADRE: Muy bien, tú lo has querido, tú misma acabas de elegir renunciando a tu familia y a nuestra condición de judíos. ¡Por lo tanto ya no te reconozco como hija, mi hija ha muerto! Eres una intrusa en esta casa, así es que recoge todas tus cosas y vete cuanto antes, ¡no quiero verte más!

(Sale el padre y quedan las dos solas)
MADRE: ¡Qué será de nosotros! ¿A dónde irás ahora hija mía, sola y sin nadie?
DORA: De momento iré a casa de Isaí, y después confió en la promesa hecha por Dios: “Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo Dios me recogerá”. Madre, no se preocupe por mí y piense en todo cuanto hemos hablado. Yo tengo paz en mi corazón y sé que el Señor no me desamparará.
MADRE: Hija, sólo te pido que me digas la verdad, ¿por qué te vas?
DORA: Sólo tengo una respuesta madre, y es que ¡CREO EN ÉL!

(Comienza a sonar la música, la madre sale cuando regresa vuelve con un bulto, donde va la ropa, se la entrega y se despide de su hija).

FIN

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